B3 Cable: otra empresa sentenciada

 Una de las empresas con más solera en la región es B3 Cable. El origen de la planta camarguesa está en 1927 en la antigua Standard Eléctrica. En 1987 la planta pasó a manos de Alcatel y en 2002 se vendió al grupo Nexans. La fábrica original está segregada en dos empresas: Draka, dedicada a la fabricación de fibra óptica y la actual B3 Cable, que se quedó con la producción de cable de cobre.
La evolución a lo largo de estas últimas décadas nos da una idea de cómo funcionan las multinacionales al servicio del capital y al desprecio del trabajo. Cuando una actividad es lucrativa se potencia y cuando deja de serlo, nadie se acuerda de los beneficios que dio. Se desmonta y el capital se traslada a otra actividad, dejando a los trabajadores sin trabajo y sin futuro.  Allá por el año 1989, Alcatel vendía productos de  sus instalaciones cántabras por valor de 18.910 millones de pesetas. La factoría tenía 1000 empleados y su mejor cliente era Telefónica, que compraba el 80% de la producción. Con el pasar de los años, la fibra óptica comienza a sustituir al cable tradicional y la multinacional francesa decide quedarse con la división de fibra  que por aquellas apenas proporcionaba  5.000 millones de pesetas de facturación anual, frente a los 15.000 millones de la división de cableados de cobre. La planta de fibra óptica asumía 200 trabajadores frente a los más de 400 empleados con los que contaba la de cable de cobre. Ésta, a comienzos del siglo XXI, estaba sentenciada por tratarse de un producto en decadencia. La ingeniería financiera de Alcatel crea entonces Nexans, con el 20% de capital de la multinacional francesa y el resto vendido  en bolsa al mejor postor. Nexans Iberia tiene en España 603 empleados y sigue obteniendo beneficios e ingresando 25.000 millones de pesetas del cable de cobre en el año 2000, aunque ya la fibra óptica aporta a Alcatel 13.800 millones. Ya en el año 2000 la fábrica camarguesa concentraba el 66% de toda la producción europea de cable de cobre del grupo, señal de que la fabricación de este componente flaqueaba al desmontarse varias plantas europeas a finales de los noventa.
En el año 2001 suenan tambores de guerra ante el anuncio de Alcatel de desmantelar varias plantas de producción  en el mundo aunque garantiza las españolas al contar con clientes fuertes como Telefónica, Iberdrola o Endesa. En el 2004, Alcatel se asocia a un empresa holandesa, Draka, para crear una asociación empresarial “join venture” que explote las fábricas de fibra óptica, teniendo más peso Draka que Alcatel. Y así llegamos al 2008 en el que la planta de Maliaño es la factoría de cables de telecomunicaciones de cobre más grande de Europa, y su propietaria Nexans acaba de obtener en el 2007 unas ventas de 4.822 millones de euros en sus 29 países y con sus 20.000 empleados. Sin embargo, a pesar esta cifra de ingresos y  de haber modernizado la planta cántabra, no duda en venderla a B3 Cable Solutions, una multinacional inglesa dispuesta a pagar por la empresa y sus 340 trabajadores.
Dicha empresa comenzaba el año con 229 trabajadores y presumiblemente lo termine con apenas 50 puestos de trabajo y un horizonte temporal de sólo 2 años. ¿El motivo? Las malas circunstancias económicas (incremento de precios del cobre, caída de ventas, etc…) y por supuesto, de fondo, la ingeniería empresarial y financiera de un grupo que nuevamente, busca aumentar beneficios a costa de los trabajadores y  del sufrimiento de sus familias. En este caso el grupo empresarial se llama “B3 industries Limited”  , al cuál pertenece la filial B3 Cable y que  tiene su sede en la ciudad británica de  Manchester.
La gran maniobra descubierta por los auditores de la fábrica camarguesa, es la desviación de 6.3 millones de euros, en pago de una factura por “supuestos servicios” a Axis Ventura, una entidad radicada en un paraíso fiscal y que pertenece a los mismos administradores ingleses de B3 Cable. Anteriormente se había efectuado un pago por los mismos servicios a otra empresa del grupo B3 Cable Manchester, pero por un importe de 663.000 euros (casi diez veces inferior). No obstante, este último pago también pone de manifiesto los manejos existentes en este grupo empresarial, del que la planta camarguesa recibía los pedidos y los fondos. El informe de los auditores es claro: los propietarios ingleses “no adoptaron medidas para reducir la estructura de los altos costes fijos soportados”, aparte del citado latrocinio que deja a la filial española con una deuda de 15 millones de euros. Esta deuda será asumida por su nuevo propietario, la empresa alemana Südkabel. Lo que no asumirá es la mayor parte de la plantilla, que después de una retahíla de expedientes de regulación de empleo, negociaciones y demás, acabará engordando las cifras de desempleo regional.
En definitiva, la industria regional comienza  a sufrir de verdad los efectos de eso que desde hace décadas se llama “deslocalización”. Una legislación económica y laboral condescendiente con el capital, a la que políticos, sindicatos y la pasividad social ha contribuido desde hace años. Este fenómeno le veíamos “desde la barrera” pensando que nunca nos iba a tocar. Ahora lo tenemos que sufrir en nuestras carnes. ¿Para cuándo una conciencia social, política y económica que ponga el trabajo por encima del capital y la especulación?….

 

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